martes, 10 de junio de 2014

2.

Normalmente me gusta mirar por la ventana de los bares, pero esta tarde no importó. Tenía ante mis ojos el único paisaje en el que valía la pena creer.
Cada vez que me perdía por un rato en su mirada entendía más de lo que me pudiera llegar a decir. Y eso es la vida al fin y al cavo, el total de la suma de muchos momentos.
No podría explicar como llegué a ese bar y a tenerlo en frente. Resulta que a veces el '¿Por qué?' más simple se nos escapa de las manos, como si no pudiéramos soportar lo obvio.
Me dedica una sonrisa y me esfumo de todos mis pensamientos, me distrae ese ser que tiene la capacidad de sanar con solo ostentar sus dientes.
Un ins tan te se vuel ve e ter no ... mientras nuestras pieles, a pocos centímetros de distancia, aprovechan para decirse todo.

Me roza la mejilla con su mano, me dejo caer en su universo, y ahora sí:
-no hay noción de tiempo ni espacio
-no hay prejuicios ni miedos
-no hay demás ni represiones

En ese instante eterno, de pronto lo entiendo todo.

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