- Y vos que onda con tu vida?
Todavía me sorprendía escuchar su voz, tan cerca. Esta vez no era un recuerdo de su melodía al hablar, sucio por la escarcha del tiempo. Era él, y lo escuchaba claro y más cerca que nunca. Cuando me tomaba desprevenida con alguna pregunta de ese estilo mi cuerpo parecía temblar, una a una muy despacio todas las células. Sentía un leve cosquilleo, como si con cada palabra enviara un batallón de hormigas a recorrerme la piel.
- Bien, en vísperas de terminar el colegio.
- Que exagerada, te quedan dos meses todavía.
- Bueno sí, pero dos meses se pasan volando.
En realidad, cuando terminé de decir eso me di cuenta que ni yo lo creía, el tiempo que pasé sin él, no pareció siquiera moverse. Dos años que parecieron miles, una tortuosa espera a la nada misma, nada que hoy parecía tambalearse.
Por lo que lo conocía, sabía que solía sentirse cómodo en el silencio, pero esta vez lo notaba algo distinto. Movía las manos constantemente y caminaba con un paso algo des prolijo. Realmente me hubiera gustado sacarlo de esa situación, pero cuando me vi a mi misma me noté aún mucho más nerviosa.
En ese preciso momento divisé a Guadalupe, quién me salvó de la carga de decir alguna tontería.
- Celes, te busque por todos lados!
Lo miré a Nacho como indicándole a Guadalupe que él se encontraba ahí.
- Nacho! (Guada lo abrazo de manera abrupta) Como estas? Tanto tiempo amigo!
Nacho tenía una sonrisa que dejaba relucir toda su perfecta dentadura. Podría decirse que era una sonrisa que encandilaba, y no porque yo lo pensara, sino porque simplemente lo era.
Se quedaron conversando sobre sus cosas mientras caminábamos en busca de comida, se lo notaba más tranquilo y eso me gustaba, era como que volvía a ser él. Cada tanto me miraban de reojo, sorprendidos de que estuviera callada, y es que no quería hablar porque estaba dedicada a apreciar su voz y exprimir ese sonido hasta el último segundo.
Comimos unas empanadas, y nos quedamos hasta tarde en el parque hablando y mirando las estrellas. A medida que fueron pasando las horas, me sentía mas cómoda en la charla, el retrato que dabamos parecía una pintura de las viejas épocas.