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miércoles, 15 de diciembre de 2010

Cáp. II

Sin duda era una trampa mortal de la que no estaba dispuesta a salir aún, como una prueba a mi misma de cuanto podría soportar en ese infierno reconfortante. Una mera lección de 'Masoquismo Ilustrado'. Acá iba, a meterme de lleno como siempre a los problemas...

- Y vos que onda con tu vida?

Todavía me sorprendía escuchar su voz, tan cerca. Esta vez no era un recuerdo de su melodía al hablar, sucio por la escarcha del tiempo. Era él, y lo escuchaba claro y más cerca que nunca. Cuando me tomaba desprevenida con alguna pregunta de ese estilo mi cuerpo parecía temblar, una a una muy despacio todas las células. Sentía un leve cosquilleo, como si con cada palabra enviara un batallón de hormigas a recorrerme la piel.

- Bien, en vísperas de terminar el colegio.
- Que exagerada, te quedan dos meses todavía.
- Bueno sí, pero dos meses se pasan volando.

En realidad, cuando terminé de decir eso me di cuenta que ni yo lo creía, el tiempo que pasé sin él, no pareció siquiera moverse. Dos años que parecieron miles, una tortuosa espera a la nada misma, nada que hoy parecía tambalearse.

Por lo que lo conocía, sabía que solía sentirse cómodo en el silencio, pero esta vez lo notaba algo distinto. Movía las manos constantemente y caminaba con un paso algo des prolijo. Realmente me hubiera gustado sacarlo de esa situación, pero cuando me vi a mi misma me noté aún mucho más nerviosa.

En ese preciso momento divisé a Guadalupe, quién me salvó de la carga de decir alguna tontería.

- Celes, te busque por todos lados!

Lo miré a Nacho como indicándole a Guadalupe que él se encontraba ahí.

- Nacho! (Guada lo abrazo de manera abrupta) Como estas? Tanto tiempo amigo!

Nacho tenía una sonrisa que dejaba relucir toda su perfecta dentadura. Podría decirse que era una sonrisa que encandilaba, y no porque yo lo pensara, sino porque simplemente lo era.

Se quedaron conversando sobre sus cosas mientras caminábamos en busca de comida, se lo notaba más tranquilo y eso me gustaba, era como que volvía a ser él. Cada tanto me miraban de reojo, sorprendidos de que estuviera callada, y es que no quería hablar porque estaba dedicada a apreciar su voz y exprimir ese sonido hasta el último segundo.

Comimos unas empanadas, y nos quedamos hasta tarde en el parque hablando y mirando las estrellas. A medida que fueron pasando las horas, me sentía mas cómoda en la charla, el retrato que dabamos parecía una pintura de las viejas épocas.

viernes, 18 de junio de 2010

Cáp. I

Las luces estaban bien pero el frío no daba para más y el viento que corría esa noche entre su cabello me impedía pensar con claridad. Verlo a los ojos de nuevo después de tanto tiempo era algo que no se me hubiera ocurrido imaginar ni en un millón de años. Se que sólo mi cuerpo se encontraba en ese lugar, y por una mera cuestión de gravedad que mantenía cosidos mis pies al pasto seco e infestado de papeles. Algo era distinto respecto de la última vez, aunque mantenía esa media sonrisa que lo caracterizaba marcando un pequeño hoyuelo en su mejilla izquierda. Estaba despeinado y parecía algo acalorado por la corrida. El skate que llevaba en la mano cayó por el golpe. Su aspecto me decía que esa tarde había implementado varias horas en algún salto y los jeans prácticamente despedazados dejaban entrever las cicatrices de sus rodillas, lo que me hacía creer aún más que todo había sido un sueño.

De pronto reaccioné, había perdido la noción del tiempo desde que choqué con él así que me era imposible descifrar hace cuanto lo estaba observando. Debía volver a la tierra y decir un simple 'Hola' al menos. ¿Se acordaría de mí? Tal vez fuera mejor la idea de pronunciar un desinteresado 'Disculpá' y huir lo más rápido posible que mis pies me permitan de ese parque de diversiones.

Por suerte, y para dejarme perpleja (como bien sabía hacer), quién perturbó el silencio, el cómodo silencio, el desconcertante silencio ... fue él.

- ¿Celeste?

Okey, definitivamente me reconocía, se acordaba de mí o al menos de mi rostro. ¿Qué decir? ¿De que hablar? ¿Cómo responder a todos los impulsos que en mi cuerpo se amontonaba y dispersaban constantemente?.

- ¡Ey! Disculpame te confundí con otra persona.

Comenzaba a caminar, pasó por mi lado y el bello de mis brazos se erizó por completo. No podía irse, por lo menos no creyendo que me había confundido con ... bueno, conmigo misma. Tenía que reaccionar. ¡Uff!, acá iba otra vez ...

- ¡Nacho!
- Me parecía que eras vos.

Solo pude contestar con una sonrisa nerviosa, sentía un calor en las mejillas que me indicaba con cautela que el color de éstas seguro ya sería de un rojo intenso. No tenía nada inteligente que decir así que me limité a asentir con la cabeza.

- ¿Qué haces por acá?

Era momento de hablar otra vez y debía comenzar a hacerlo porque sus ojos inspeccionaban con curiosidad mi silencio poco común.

- Eh ... Vine con Guada.
- ¿De verdad? Hace mucho no la veo. ¿Dónde está?
- La perdí.
(Rió)

Sinceramente no lo sabía, de hecho me había olvidado que fuimos juntas hasta que a Ignacio se le ocurrió preguntar. Ahora que lo pensaba debía encontrarla porque me iba con ella, en realidad, ahora que realmente lo pensaba yo la estaba buscando antes de cruzarme con él.

- ¿Querés que te acompañe a buscarla?
- Bueno, dale.