Que no hay tiempo que figure en mi reloj,
dónde pueda detenerte.
Y el espasmo de ese tan temido adiós
se me tatua en la frente.
Del pasado los vestigios de salón
mordiéndome los talones.
En tu boca pronunciada una canción
que no entiende de oraciones.
La mañana aún soleada
de un abril condescendiente.
Las palabras y las mil explicaciones
se aprietan entre los dientes.
¿A dónde iremos, tesoro mío?
¿Dónde nos llevará el destino?
Ese tan puto destino,
que no entiende de tiempo y espacio.
Ese tan sabio destino,
que te enreda distraído entre mis pasos.
Que no hay tiempo que figure en mi reloj,
dónde todo ya esté escrito.
Que durante esta mañana sos mi sol
y a la noche me derrito.
Del pasado los vestigios de salón
se me vuelven irrisorios.
La melodía de tu cuerpo hecho canción,
los silencios ilusorios.
Y en la noche de las noches,
el sábado de los sábados,
la canción de las canciones...
Una cama de dos plazas nos alberga otra vez..
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