miércoles, 28 de mayo de 2014
1.
A veces no se necesita un viaje a París, ni ganar un millón de dólares, ni siquiera que te dediquen tu canción preferida en el medio de un recital. A veces, la felicidad es más simple. Se puede tocar el cielo con las manos también con la ropa puesta. Podía sentir el olor de su piel desde aquella posición, apoyando su mentón en el omóplato para ver por encima de su cuerpo. De adelante se vislumbraba solo como le asomaban los ojos celestes, brillantes. Él estaba distraído, pasando dvds de Pink Floyd, ajeno a la situación que sucedía en su espalda. La felicidad también es eso, pensó ella, meterse en su burbuja al punto tal de que ambos perdieran noción. Y sólo por ese segundo, ser uno.
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