jueves, 21 de junio de 2012

Nacionalismo mode OFF. Un tp para Sociedad y Estado- FADU.


• En el año de la conmemoración número 30 de la guerra de Malvinas, es casi imposible no hablar de ellas. ‘Islas Malvinas’, ‘Falklanders’, ‘La hermanita perdida’, ‘las islas irredentas’… las llamemos como las llamemos es un tema que nos compete a todos.
En este texto intentaré no sólo exponer los datos más relevantes de los 9 documentos que se encuentran en el cuadernillo, sino también, a modo de conclusión, expondré mi breve opinión sobre el tema.
Empecemos por preguntarnos en que radica la importancia del pedido argentino de soberanía sobre las islas. Se pueden considerar distintos factores de alcance territorial y mundial que van desde las cuestiones históricas y geográficas, hasta los acuerdos internacionales, explotación de recursos, motivos patrióticos, etc. Pero mejor vallamos por partes.
En 1833 los ingleses se apropiaron por la fuerza de las Islas Malvinas, 32 años después las Naciones Unidas definieron la pretensión británica como una forma de colonialismo e instaron a ambos gobiernos a negociar la soberanía.
¿Qué reclama el Estado Argentino?
Territorialmente el reclamo se torna casi obvio si tenemos en cuenta la cercanía de nuestro país con las islas y los 14mil kilómetros de distancia que tienen estas con Inglaterra. Pero hay también razones históricas, que sostienen que las islas fueron pertenecientes al Virreinato español, y hereditariamente, son argentinas.
Por otra parte, el mandato de la ONU hacia la descolonización no fue cumplido aún por Gran Bretaña quién ni siquiera aceptó sentarse a negociar; además del abuso en la explotación de recursos renovables. Ahora bien, todo esto sin cuestionar el actuar del país del sur.
Sería bueno también tener en cuenta que anteriormente a la guerra de 1982 la importancia que se le daba en nuestro país a la soberanía de las islas (incluso a las islas en cuestión) era prácticamente nulo. El ‘golpe’ al patriotismo de aquel dos de abril dio un giro en la historia. Se implantó en el país la idea de que si no te encontrabas a favor de ganar la guerra y recuperar las islas, no eras argentino. Se vivía un sentimiento de euforia y nacionalismo que si bien hoy muchos pueden tomarlo más en frío, dejó secuelas en la memoria y el corazón de casi todo el territorio. Malvinas se convirtió así, en una de las claves del nacionalismo.
Pero nuestro país no es el único a favor de este reclamo de soberanía, cuenta con el apoyo de la unidad latinoamericana y los Organismos Internacionales por varias razones. La primer de ellas, es el ya nombrado acuerdo de descolonización que insita a Argentina y Gran Bretaña a negociar pacíficamente y a abstenerse de adoptar decisiones que impliquen la introducción de modificaciones unilaterales en la situación mientras continúe el proceso de negociación (al contrario de lo que esta haciendo el Reino Unido). Por otra parte, estas organizaciones concuerdan en el rechazo a la realización de prácticas contrarias a la necesidad de mantener a la región libre de medidas de militarización, de carreras armamentísticas, de presencia militar extrarregional y de armas nucleares (de nuevo, en contra del actuar británico). Por último, y para nada menos importante, se profundiza el compromiso de protección del medio ambiente, la conservación de sus ecosistemas, el uso racional de los recursos vivos marinos antárticos, para fortalecer el respaldo continental para el establecimiento de políticas nacionales y regionales de carácter integrador.
De todas formas, como si semejante cantidad de conflictos no fuera suficiente, así se llegara a un común acuerdo entre ambas naciones (Argentina e Inglaterra) tendría que decidirse aún que hacer con los habitantes de las islas. “Podemos obligar a Gran Bretaña a negociar. Y hasta convencerlos. Pero no habrá solución argentina a la cuestión de Malvinas hasta que sus habitantes quieran ser argentino e ingresen voluntariamente como ciudadanos a su nuevo Estado. Y debemos admitir la posibilidad de que no quieran hacerlo. Porque el Estado que existe en nuestra Constitución remite a un contrato, libremente aceptado, y no a una imposición de la geografía o de de la historia. (…) Queda la alternativa de cortejar a los falklanders. Demostrarles las ventajas del territorio argentino. Estimular a que lo conozcan.”[1]
Pero no todos los autores de estos documentos se muestran tan compasivos con los habitantes isleños. “Quienes postulan la doctrina de la ‘autodeterminación nacional’ se olvidan de que ésta sólo es aplicable a la condición de que se cumpla con un requisito inescapable: que quienes se amparen en ese derecho sean los pobladores autóctonos de un territorio, lo que no ocurre en el caso de las Malvinas. La escasa población argentina que había en las islas fue desalojada por una fuerza expedicionaria británica que se apoderó violentamente del archipiélago y estableció, en su lugar, una pequeña colonia que al cabo de casi dos siglos no supera las tres mil almas. Esa viciosa modalidad de adquisición territorial se llama, en el derecho internacional ‘conquista’, y de por sí invalida cualquier pretensión de legitimar la presencia post festum de los intrusos auscultando su voluntad o no de perpetuar los efectos de la conquista gracias a la cual se apoderaron de unas tierras que no eran suyas. La inconsistencia del argumento es más que evidente y no se necesita ser un eminente jurisconsulto para comprobarle.”[2]
Las opiniones, como siempre, son muchas.
“Necesitamos abandonar la agitación de la causa Malvinas y elaborar una visión alternativa que supere el conflicto y aporte a su resolución pacífica. Los principales problemas nacionales y nuestras peores tragedias no han sido causados por la pérdida de territorios ni la escasez de recursos naturales, sino por nuestra falta de respeto a la vida, los derechos humanos, las instituciones democráticas y los valores fundacionales de la República Argentina, como la libertad, la igualdad y la autodeterminación.”[3]
Coincidiendo con este último postulado, me detengo para exponer mi opinión.
Si bien concuerdo con los puntos tratados por la ONU y los Organismos Internacionales, sobre todo la postura des-armamentista, los cuidados de los recursos naturales y el medio ambiente, hay algo que no comparto. A mi criterio lo que la Argentina tiene es una especie de memoria selectiva, se habla de que el poder a la “autodeterminación nacional” debe concedérsele a los pueblos autóctonos cuando no creo que Roca le haya preguntado que preferían y, todavía más, haya respetado la opinión de los miles de aborígenes que vivían en nuestras tierras antes de la famosa Campaña al Desierto. Y tampoco, dentro de lo que a mi me concierne, se esta debatiendo sobre devolverles esas tierras a sus ocupantes originales. Entonces… ¿Si ganamos se cierra el caso, si perdemos se reclama soberanía durante 179 años, y se les niega la opinión a los habitantes de las islas como si fueran meros objetos inanimados? Siempre preferí que se opte por un reclamo pacifista de soberanía de todos modos, pero no me gustaría que el nacionalismo exagerado nos este tapando los ojos con humo como sucedió hace 30 años.


[1] Extraído del Documento 6 del cuadernillo.
[2] Extraído del Documento 8 del cuadernillo.
[3] Extraído del Documento 7 del cuadernillo.

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